Por dura que sea una losa de mármol de la escalera de la torre inclinada de Pisa, no tiene nada que hacer contra los pies de los millones de turistas que año tras año la han ido pisando. En cada escalón se ven dos suaves hendiduras a izquierda y derecha correspondientes al desgaste de todos los pies izquierdos y derechos que han pasado por allí.